martes, 15 de abril de 2014

35

Las chicas llegan de nuevo al apartamento por la noche tras haber ido al mercadillo del centro de la ciudad. Les ha costado encontrar lo que querían pero al final lo tienen, tienen esa cosa que puede ayudarlas a salvar a los chicos y a ellas.
-Coge las llaves de coche- dice Ari-. Tenemos que...
-Ya sé qué tenemos que hacer. Hemos repasado el plan millones de veces en el coche.

Lucía coge las llaves del coche de alquiles que cogieron para el viaje y bajan corriendo hasta el aparcamiento sin ser vistas por Prometeo.
-¿Crees que estarán despiertos?- pregunta Lucía.
-No creo. Zeus es mayor. Supongo que necesitará dormir. Además, en la peli de Hércules duerme.
-¡Pero eso es una puta película de dibujos!
-Lo sé. Manten la calma.

Tardan en llegar al lugar una hora. Aparcan el coche en una ladera y finalmente empiezan a andar. El Monte Olimpo no parece que está muy lejos, se puede ver facilmente. Solo tendrán que caminar durante unos minutos.

Cuando llegan no hay nadie. Todas las musas que tendría que haber al alrededor de la casa parecen profundamente dormidas. También hay algún dios dormido. Ari puede distinguir entre la oscuridad a Dionisio que parece borracho y medio dormido. Las chicas entran en la gran casa con forma de templo griego sin ningún problema.
-Es por allí- susurra Ari que recuerda el camino a la habitación de Zeus de cuando estuvo allí con Zayn.

Cuando llegan, Lucía ve una gran puerta de madera. Puede tener unos tres metros de altura y dos de anchura. Es muy grande y parece pesada.
-Vale. Ya estamos- susurra Ari.
-¿Quién entra?
-Tú.
-¿Yo?- pregunta Lucía sorprendida.
-Sí, tú.

Antes de que Lucía pueda quejarse, su amiga la empueja hacia el interior de la habitación. La chica ve como el dios supremo está dormido en su gran cama de matrimonio junto a su mujer. Se acerca lenta y sigilosamente hasta la cama donde se inclina para buscar lo que han venido a robar: el rayo. Ari nota como su amiga tiembla y como parece bloqueda cuando no encuentra el rayo por ninguna parte. De pronto algo parece empezar a brillar junto al cabecero de la cama. Allí está colgado el rayo en forma de colgante. Dos colgantes que se unen. Recuerda cuando lo llevaba en el cuello y cuando Ari llevaba el suyo. Era un símbolo de amistad y ahora parece ser que algo que puede destruir el mundo. La muchacha lo coge con las manos temblorosas y lo agarra con fuerza para que no se caiga. Luego vuelve sobre sus pasos y sale del cuarto donde Ari la espera y cierra la puerta con cuidado.
-Yo te mato. ¡Casi me muero de un infarto!
-Ha sido tu idea así que te tocaba a ti llevarla acabo.
-Vamonos antes de que nos descubran.

Salen corriendo de allí, esperando que nadie se despierte con el sonido de sus pasos y cuando llegan al coche respiran tranquila. Por ahora el plan iba según lo planeado.
-Ahora tendrá que aparecer Dexter. O Ares. O su otro hijo- dice Ari.
-Ya tenemos el rayo. Deberían de aparecer.
-A lo mejor están esperando en el apartamento.
-¿Con Prometeo de por medio?- pregunta Lucía con ironía-. No. Además, sabrán que queremos ver antes a los chicos. No creo que esten allí.
-¿Entonces dónde?
-¿Casandra no dijo que tuvieramos cuidado con el hijo de Pasífae y del toro blanco?

Ari duda pero luego responde que sí.
-Tenemos que encontrar al Minotauro- sentencia Lucía.
-¿Al Minotauro?
-Es el hijo de Pasífae y del toro de Creta.
-¿Se follo a un toro?- dice Ari intentando quitar tensión pero Lucía le mira mal-. ¿Dónde esta el Minotauro?
-Pues en el laberinto supongo.
-Tenemos que encontrar el laberinto.
-No se donde puede estar. Puede estar en Creta o en...
-¿Te acuerdas del tentáculo que te intentó secuestrar?

Lucía frunce el ceño. Sí, sí se acuerda. El pie le sigue doliendo.
-Tenemos que buscarle. Él nos llevará hasta Ares.
-¡Ni de coña!- grita Lucía pero su amiga no le hace caso y empieza a conducir- ¡Ari, no voy a permitir que...!
-Es la unica salida que tenemos.
-No es seguro que esté en el acantilado. Louis lo expantó.
-Solo hay una forma de averiguarlo.

Lucía suspira. No quiere ir al acantilado. No. No ha vuelto a saltar desde entonces. Pero lo hará. Lo hará por Ari, por Louis y por los demás.

Tardan cerca de media hora en llegar a la casa del acantilado, a Mediterraneo y cuando llegan salen del coche nerviosas. Intentan abrir la puerta y, por suerte, esta abierta. Ari sonríe y atraviesa toda la casa para llegar hasta el jardín. Ambas se suben al muro y miran abajo.
-No hay nada- dice Lucía algo decepcionada. Le daba miedo saltar pero quería hacerlo para salvar a sus amigos.
-Espera- dice Ari cuando ve que el mar empieza a estar revuelto. De la nada sale una especie de calamar gigante que las mira. Las chicas tragan saliva-. ¿De la mano?- pregunta Ari cuando ve que el calamar abre la boca mostrando toda su gargante.
-De la mano- dice Lucía.

Se dan la mano y se agarran la mano. Suspiran.
-A la de una... A la de dos...
-¡A la de tres!- grita Lucía antes de saltar junto a Ari para acabar en la boca del calamar.

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