*un mes después*
Ari sale de la ducha con una toalla enredada en el cuerpo del baño y se viste para mirar luego su cuarto. Está lleno de cuadros de Zayn, todos de cuando se los enviaba al hotel.
Mas tarde baja y empieza a desayunar junto a su familia que la mira sin decir nada.
-Cielo, ¿ocurre algo?- pregunta la madre.
-No- susurra la chica mientras que remueve sus tortitas en el plato.
-Estás rara desde que volviste de Grecia- dice su padre antes de beberse el zumo de naranja que tiene en su vaso-. Sabes que nos puedes contar todo, ¿no?
Ari afirma con la cabeza pero no quiere contarlo y, aunque quisiera, no podría. No puede mencionar a los dioses griegos. La tomarían por loca.
-Subo a mi cuarto- dice.
-No has probado bocado.
-No tengo hambre, mamá.
Luego sube las escaleras de su casa y se pone los zapatos para poder salir a la calle.
Cuando está en la calle es su momento de libertad. Puede ir con la bicicleta a todos los lados sin que nadie la mire extraña.
Baja al garaje después de despedirse de sus padres y cige su bici de color rosa para hacer el recorrido de siempre. Sale de casa, pedale durante veinte minutos, se compra un helado de chocolate y se sienta en el banco de un parque a lamentarse de su penosa vida amorosa. Brad, su exnovio, solo estaba con ella para conseguir el rayo de Zeus y a Zayn no le podía ver más. Ya lo había dicho Zeus con la maldición: pareis toda vuestra vida enamoradas de mis nietos. Y Ari, a pesar de las cuatro semanas que habían pasado, no le olvidaba. Parecía tenerle en la mente todo el día. Zeus no las maldijo pero ella siente como si la maldición estuviera ahí presente.
Está vez hace lo mismo: pedalea hasta el mismo larque de siempre donde puede ver a varias parejas pasear. Ari se ríe al darse cuenta de por qué va siempre a ese lugar. Disfruta viendo a las personas felices, no como ella.
-¿Así que esto es lo que haceis los humanos cuando os poneis tristes?- pregunta una voz masculina antes de tirar un cuaderno abierto junto a la chica.
Ari se sobresalta y tira su helado al suelo por la impresion de oír su voz de nuevo. Mira el cuaderno que le han lanzado y observa el boceto a lapiz. Es ella. Sentada en el banco. Tomándose el helado que acaba de tirar. Se gira y le ve ahí, apoyado en la valla de hierro que limita el parque, mirándola con una gran sonrisa de oreja a oreja.
-Nosotros solíamos ir al Monte Olimpi y emborracharnos con el vino que fabricaba Dionisio- susurra Zayn antes de acercarse a la chica-. Fui a ver a Casandra. Me habló de una mujer que tomaba crema congekada de cacao que viajaba sobre dos ruedas. Pensé que sería fácil encontrarte pero Boston es muy grande y mucha gente viaja en bicicleta y toma helado de chocolate.
Ari pone una mueca divertida en la cara y nota una lágrima de felicidad escurrirse por la mejilla.
-¿Sabes qué más me dijo Casandra?- pregunta él-. Que un humano conseguiría tu corazón. Dije "Zayn, no tienes nada que hacer". Luego me di cuenta de que ese humano iba a ser yo. Sí. He renunciado a mis poderes por ti. Nunca pensé que renunciaría a eso- Zayn se ríe y luego mira a su chica mostrando dos dedos-. Casandra también me reveló un futuro más lejano. Dos hijos en común. Eric y Alice. Dos hijos. Contigo. Nunca nunca quise tener hijos pero cuando me lo dijo Casandra pensé "¿solo dos? Que mala vidente eres".
Ari suelta una carcajada y se muerde el labio antes de mirar de nuevo al moreno.
-¿Qué haces aquí?- pregunta por fin ella.
-Ya te lo he dicho: buscando a la mujer que toma crema conjelada de cacao que viaja en dos ruedas.
Ari se pasa el brazo por la cara y llora, llora escandalosamente antes de lanzarse a los brazos de su chicos y besarle como nunca le besó en Atenas.
-Te quiero, Zayn.
-Y yo a ti, Ari.
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